Nos escapamos a Shismay (Huánuco)

Un extraño zumbido me despertó en mitad de la noche, abrí los ojos, eran las 4:15 de la mañana, estiré mi brazo y apagué la alarma del despertador, cerré mis ojos y mentalmente analicé mi condición: mis ojos no latían, no sentía las raíces de mi pelo y nada comprimía mi cerebro. Satisfecha con el resultado giré y ahí estaba él, mirándome fijamente, nos dimos el beso de los buenos días y sus primeras palabras fueron: ¿cómo estás? Orgullosísima le dije que bien, que no tenía ningún dolor, así que estábamos aptos para el viaje…y es que ese viernes salíamos para Shismay.

Shismay es una Comunidad Campesina que se encuentra en el departamento de Huánuco, en el distrito de Amarilis, a más o menos una hora de la ciudad de Huánuco. En medio de este pequeño poblado, dedicado a la agricultura, se encuentra la Casa Hacienda Shismay, una joyita que vale la pena visitar.

Todo estaba totalmente oscuro, ya habíamos preparado los maletines con la ropa el día anterior, así que sólo había que bañarse, alistar a los chicos, preparar el desayuno y cargar el carro con todas las cosas, nuestra meta era salir antes de las 5:30, y así lo hicimos. Se supone que el día anterior yo debía llenar el tanque de gasolina de la camioneta, pero como estuve totalmente indispuesta tuvimos que hacerlo el mismo día que salíamos. Fueron apenas unos minutos de retraso. Salimos a buena hora de Lima, hicimos una parada en Chaclacayo y ahí les di Gravol a los chicos para que aguanten el viaje.

¿Se acuerdan las recomendaciones que les di cuando me fui a Chanchamayo? Bueno, para ir a Huánuco hay que tenerlas en cuenta porque también se va por la Carretera Central y hay que cruzar el Abra Anticona (4,818 m.s.n.m). Está bien, hay otra ruta que es camino a Huaraz, tomando el desvío para Chiquián, pero como nosotros estamos en Lima era mejor ir por el Centro.

Estábamos ya en pleno camino, subiendo, pasando curvas y precipicios, cuando de pronto el carro que estaba delante de nosotros se detuvo y no sólo él, había un gran número de carros, camiones y buses detenidos, y es que estaban arreglando la pista, había un sector donde ésta se había caído. Estuvimos detenidos cerca de 20 mintos.

Suena poco tiempo, pero créanme que cuando tienen que subir tan alto, cada minuto es crucial, mis hijos tenían que pasar dormidos el punto más alto, era lo mejor para ellos. La medicina ya les estaba haciendo efecto, ellos dormitaban en el asiento de atrás de la camioneta…pero faltaba tanto…y lo que descubrí más adelante fue que pasar el abra era lo de menos.

Pasamos sin problema el cruce de la cordillera, nos detuvimos en la Oroya para ir al baño y estirar las piernas, el camino de Lima a Huánuco tarda unas 8 horas, ya llevábamos 3. Seguimos nuestro camino hasta el primer desvío, el camino de la derecha te lleva a Huancayo y el de la izquierda a Tarma y Huánuco, tomamos la izquierda. Más adelante el segundo desvío, el camino de la derecha te lleva a Tarma y Chanchamayo y el de la izquierda a Huánuco, tomamos la izquierda. Unos minutos más y ya estábamos en la Pampa de Junín. Esta es una extensión bastante grande y plana, con la única vegetación posible a los más de 4,000 m.s.n.m: el Ichu.

Estábamos cansados de ese paisaje desolado cuando de pronto aparecieron rebaños de vicuñas, no lo podía creer, sabía que por esa zona se podía ver alguna que otra, pero encontrar grupos de ellas pastando libremente era otra cosa. Desesperada busqué la cámara, no podía pasar la oportunidad de fotografiarlas, aunque mi esposo, con su espíritu de Meteoro no bajaba la velocidad, fue un logro captarlas con el lente.

Así es, la Vicuña, auquénido que vive en el altiplano en forma silvestre está en vías de extinción, pero gracias a algún gobierno en este lugar está protegida de la caza indiscriminada. La Vicuña, tan majestuosa, es la que aparece en el Escudo Nacional como representante de nuestra riqueza animal.

Con todo el alboroto que armé mis hijos se despertaron, pero bueno, ya habíamos pasado el abra, además estábamos próximos al monumento en honor a los que lucharon en la Batalla de Junín. La Batalla de Junín junto con la Batalla de Ayacucho fueron las que consolidaron la independencia del Perú de España. Estando todos despiertos, era un lugar al que teníamos que ir.

Hay que tomar un pequeño desvío desde la carretera, son sólo unos cuantos metros de trocha, pagas el derecho a entrar (5 soles por adulto), estacionas y un señor con un patriotismo envidiable te recibe con mucha amabilidad y te explica a su manera cómo se desarrolló esta importante batalla.

A estas altura mi hijo Andrés ya se sentía mal, estaba pálido, le molestaba el estómago y tenía mucho frío, así que terminamos la visita, los metí a los dos al carro y les di otra dosis de Gravol. Volvimos a la carretera y seguimos nuestro camino, ellos se acomodaron, se taparon con las colchitas y se quedaron dormidos. No llegaron a admirar la presencia del segundo lago más grande del país (después del Titicaca), el Lago Junín. Pero no importaba, mientras siguieran dormidos.

Llevábamos ya un buen tiempo a una altura bastante considerable, y es que ir a Huánuco significa estar más de una hora sobre los 4,000 m.s.n.m, hay que recorrer todo el largo de la Pampa y pasar Cerro de Pasco, eso no me lo esperaba, como tampoco esperaba que ante una frenada intempestiva del carro mi pobre Adriana despertara con ganas de devolver lo poco que había desayunado, paramos a un lado del camino para atenderla, la pobre se sintió tan avergonzada, tan culpable, tan enferma, que no dejaba de llorar, pero no era culpa suya, es la respuesta normal de un cuerpo que no está acostumbrado a semejante altura, una experiencia bastante dura par sus 7 añitos. La lavamos, la consolamos, y seguimos nuestro camino, teníamos que hacerlo. Felizmente ya ambos se sentían mejor, los podías escuchar hablar, eso me dio tranquilidad.

Pasamos Cerro de Pasco y sentí gran alivio, ahora todo era bajada. Teníamos que llegar a Huánuco pronto, todos estábamos bastante cansados. Es así que apenas pasadas las 2 de la tarde llegamos a la ciudad de Huánuco. Nos habían recomendado almorzar en el Grand Hotel Huánuco, no lo pensamos más, nos dirigimos directamente a ese hotel, estratégicamente ubicado en plena Plaza de Armas.

Fue un completo alivio salir del carro, estirarnos, lavarnos, comer…me di cuenta que estaba hambrienta cuando nos sentamos a la mesa y nos dieron la carta con el menú del día y es que en este punto del camino podía comer hasta la silla. Este es un bonito hotel, tiene una construcción de estilo español, con una gran patio en medio de la casona, con arcos en todo el contorno y las habitaciones distribuidas a lo largo del corredor en el segundo piso.

Si bien el hotel cuenta con gran salón comedor, nosotros preferimos ubicamos en el patio, más luz, más ventilación. El precio del menú no era muy caro, por 20 soles podías escoger una entrada o sopa, alguna de las opciones de plato de fondo y además incluía helados y refresco.

Por ejemplo, de entrada podías pedir Cecina con Mote o Salpicón de Carne:

 Como plato de fondo, una Trucha a la Plancha con Papas Doradas o Milanesa de Pollo con papas fritas:

Y de postre nos sirvieron Helado Tricolor (vainilla, fresa y lúcuma):

Ahora sí, totalmente recompuestos podíamos seguir nuestro camino, nos quedaba una hora más de viaje, 15 minutos en pista y luego 45 minutos en trocha. Había que salir de la ciudad de Huánuco y tomar la ruta rumbo al poblado de Paucar. ¿Alguna vez han tratado de salir del centro de una ciudad sin pedir ayuda? Nunca lo hagan, siempre pidan ayuda, a veces es complicado sobre todo por la falta de señalización. Esta vez no fue complicado, logramos salir sin problema y volver a la carretera, ahora sólo había que estar atentos al cartel con el desvío a Paucar, el cual encontramos a la primera. Tomamos el desvío que estaba a mano derecha, ahora a volver a subir, sólo 20 kilómetros, pero 45 minutos de trayecto.

El paisaje era maravilloso, el camino una trocha en muy buenas condiciones…hasta Paucar…luego el camino se volvía más agreste. Pero no importaba, el aroma a eucalipto te invitaba a seguir avanzando, podías ver los sembríos de maíz y de papa y pequeñas casitas de adobe con techos de tejas rojas a lo largo del camino.

  

Hasta que finalmente divisamos nuestro destino final, la Casa Hacienda. Ahí estaba, una gran construcción blanca visible desde donde estábamos. Esta casa fue alguna vez de la familia Rolando Tello, pero quedó abandonada luego que los dueños tuvieran que dejarla debido a Reforma Agraria por allá por los años 70.

En esa década, la hacienda fue entregada a las familias de los que ahí trabajaban, sin embargo ellos nunca ocuparon la Casa Hacienda y por el contrario trataron de mantenerla, pero la crisis económica no permitió que ellos continuaran con ese trabajo, así que la abandonaron.

Por el año 2004 y gracias a una donación privada se empieza un trabajo de restauración de la vieja Casona, había que poner techos, hacer paredes, pintar, hacer miles de cosas para lograr que esta casa sea el reflejo de lo que alguna vez fue.

Nos cuenta Andrés, el administrador del lugar, que un día llegaron las hijas del que había sido dueño de esta hacienda, si bien ya nos les pertenecía, ellas ayudaron a la restauración de la misma con miras a convertirla en un atractivo turístico, y lo lograron.

 

Más que eso, la Casa Hacienda Shismay es hoy considerada como “Monumento Histórico”, por poseer valores de identidad, históricos, arquitectónicos, tecnológicos y paisajísticos suficientes que ameritan formar parte del Patrimonio Cultural de la Nación.

Además de ser un museo, la Casa Hacienda ofrece albergue a quienes deseen aventurarse a pasar unos días por esa parte del país. Cuenta con apenas 4 habitaciones: 3 cuádruples y 1 doble. Las habitaciones están distribuidas a lo largo del jardín interior. Cuenta también con una pequeña cocina, una despensa bien surtida y una pequeña terraza con mesas donde se puede tomar el desayuno y disfrutar de un rico almuerzo.

 

Frente a la casa, hay un hermoso jardín, lleno de flores de colores y unas amapolas enormes que son un encanto para los ojos.

 

 

Llegamos totalmente agotados, dejamos la camioneta estacionada atrás de la casa, había que descargarla y llevar los maletines hasta la habitación que nos asignaron, no podíamos hacerlos en un solo turno, había que hacer más que uno. ¿Saben lo que es caminar a más de 3,000 m.s.n.m cargando las cosas? Pero aparecieron un par de niñas dispuestas a darnos una mano: Adelaida, hija del administrador y Julisa, su sobrina. Con ellas pudimos cargar con todo, nos instalamos y Antonia, esposa del administrador nos preparó un mate de coca, nos cayó tan bien.

El sol todavía estaba en lo alto, así que había algo de calor, pero pronto caería la tarde, con ella las sombras y con las sombras el frío. Mientras los chicos recorrían el lugar, nosotros, después de disfrutar del mate, entramos a nuestra habitación para descansar un ratito.

El frío ya se sentía y el cansancio no daba tregua, preguntamos qué había para la noche y nos ofrecieron sopita de pollo, perfecto, más que un caldo casero, una sopa llena de sabor, con fideos y papa amarilla, lo mejor de la noche.

Después de disfrutar de esta sopa nos retiramos a dormir, tomamos un delicioso baño de agua caliente, cuidando de no malgastar el agua para que los cuatro podamos disfrutar del agua, nos acostamos y todos quedamos profundamente dormidos. A las siete de la mañana la luz del sol entraba por nuestra ventana, anunciando que un nuevo día había llegado.

Habíamos decidido pasar el día en Shismay, si bien es cierto que hay muchos lugares a donde ir, nosotros sólo queríamos quedarnos ahí, recorrer la comunidad, los alrededores. Salimos a desayunar, Antonia había preparado un delicioso pan, no pregunten a qué hora lo hizo, las personas ahí se levantan antes que el sol. Pero no sólo eso, había leche, leche de vaca de verdad. Antonia se moría de risa cuando preguntaba si era de vaca vaca, y es que ¿qué más podía ser? Para nosotros los citadinos la leche fresca es la que se consigue en cajas o en bolsas, pero recién ordeñada de la vaca, sólo en provincia. Y qué les puedo decir del queso, una delicia, totalmente fresco, preparado ahí en Shismay con leche de la zona.

El desayuno también venía con huevo frito, servido al estilo Shismay…con papa dorada…así es, papitas nativas sancochadas, pasadas en aceite muy caliente y con un toque de sal.

Mi esposo y Andrés habían pedido su ración de huevo frito, yo me arrepentí de no pedirlo, está bien, quizás el huevo estaba un poco pasado de cocción, pero las papitas, las papitas estaban divinas. Habían tantas que se me ocurrió comerlas con queso, inmejorables, créanme.

Terminamos el desayuno y salimos a recorrer la comunidad. Mochila al hombro, con agua para el camino y a paso muy tranquilo para no agitarnos mucho salimos a explorar. Lo primero, llegar a la plaza, y es que en todo pueblo, en toda ciudad, el centro es la plaza, ahí estará la iglesia, la alcaldía y algún otro lugar importante para la ciudad.

En el caso de Shismay, además del jardín central, encontraremos el colegio, el Wawa Wasi (guardería) y una iglesia, con un viejo campanario que aún le dan uso para llamar a los feligreses a atender el servicio religioso.

Nos alejamos un poco del centro poblado para adentrarnos al campo, es así como nos encontramos con un lindo sembrío de maíz y ganado pastando por el campo

 

Un poco más allá nos topamos con una lugareña que al borde del riachuelo lavaba la ropa de su familia.

 

El sol ya estaba en todo lo alto, es curioso cómo quema el sol cuando nada interrumpe que sus rayos lleguen a tierra, sin embargo, con apenas el roce de alguna nube que haga que aparezcan las sombra, ese calor se convierte en frío, un frío seco que te pone la piel de gallina. Pero no había apuro, estábamos a nuestro ritmo, unos cuantos pasos y respirar, y así hasta que llegamos a un sembrío de papa. Dos niños cuidaban de él, el más grande trabajaba haciendo surcos para que el agua pase entre las plantas y así poder cumplir con el mandato de regar las plantas. La siembra de papa es común en la zona, se podía ver por distintos lugares esas pequeñas hojas verdes con sus flores moradas, pero la papa estaría lista para la cosecha en setiembre.

 

 

Descansamos un momento al lado del camino, es increíble cómo los niños están llenos de energía. Andrés se adelantó en la exploración, seguido por Adriana que vara en mano caminaba siguiendo los pasos del hermano.

Mi esposo y yo, algo retrasados, caminábamos sin apuro, y si caminas con calma mirando todo lo que te rodea podrás ver un gran número de flores silvestres, flores que crecen por doquier y le dan un matiz colorido al camino.

  

  

Pasamos por el medio del pueblo, es pequeño saben, así que me sorprendió encontrar algunas casitas abandonadas. Me pregunto quién habría vivido en aquel lugar, donde ahora sólo se ven paredes de adobe, sin techos y con maleza creciendo por dentro.

Pero claro, también es un pueblo con vida, una comunidad que crece y se desarrolla, poco a poco, sin apuro, viviendo de sus cosechas, de su ganado. Con un sentimiento de amor a su tierra.

Fue una mañana maravillosa, con el sol cayendo en nuestros rostros y calentando nuestros cuerpos, con aire puro que enriquecía nuestros pulmones, tan agotados por la contaminación de la ciudad. Aún así había que regresar a la Casa, ¿qué nos tendría Antonia para el almuerzo? Llegamos presurosos y entramos a la cocina, habría Picante de Cuy. Me quedé con ella en la cocina, viendo, aprendiendo.

Me explicó que hacer el Picante de Cuy era muy sencillo, pero la clave era contar con cuy tierno, hay que saber conseguirlo, los que ella tenía para el almuerzo eran criados por su mamá, así que la calidad estaba garantizada. Creo que en el Perú deben haber cientos de versiones de este plato, todo según la zona donde uno esté, pero siempre tendrá en común el maní, el ají panca y la papa.

El maní hay que tostarlo, pelarlo y luego molerlo.

 

El ají se debe remojar para hidratarlo, cocinarlo un poco y luego licuar. Esta pasta luego se cocina con ajo, debe quedar totalmente caramelizado para luego agregar la cebollita china bien picada. Hay que mover bien y dejar que la cebollita se deshidrate un poco, eso le dará humedad al aderezo. Un poco de sal y se deja cocinar un poco más, así quedará listo para recibir al cuy.

  

En cuanto al cuy, luego de limpiarlo bien se sancocha en agua muy caliente, luego se fríe, debe quedar muy tostado, muy crocante y luego se pone en el guiso. En el agua donde hirvió el cuy (el caldo), se coloca en maní tostado y entonces todo va a la olla.

  

Para servir el Picante de Cuy, se deberá poner en el plato una buena porción de arroz, papa sancochada y sobre ella el cuy y el juguito del aderezo. Pero lo cierto es que a mi esposo y a mí nos gusta comer el cuy muy crocante, cuando se mezcla con el guiso se pierde esta textura, así que le pedí a Antonia que por favor a nosotros nos sirviera en cuy separado del guiso, era como comer un chicharrón, para chuparse los dedos.

El resto de la tarde la pasamos en los jardines de la Casa. Cenamos algo ligero y los niños se quedaron haciendo fogata y admirando las estrellas, era increíble ver tantas estrellas en el cielo, incluso me cuentan que llegaron a ver estrellas fugaces.

Al día siguiente decidimos salir, bajamos a Huánuco y nos dimos una vuelta por Kotosh, ¿se acuerdan de sus clases de Historia del Perú? ¿Se acuerdan del Templo de las Manos Cruzadas? Así es, esta construcción preinca es un centro turístico que está muy cerca de la ciudad de Huánuco. Si bien está bien cuidado, nos explicaban que debido a la falta de presupuesto ya no se estaba explorando más. Lo que ahora se puede ver es apenas el 10% ó  20% del total del lugar.

Dentro de este complejo, lo más resaltante es el Templo, donde se pueden encontrar dos pares de manos, una de ellas al lado izquierdo de la pared y la segunda al lado derecho. Por la diferencia de tamaños en estas manos se deduce que uno pertenece al hombre y el otro a la mujer. Estas manos son cada una el vértice de un triángulo, donde el tercer vértice es un orificio en medio del templo, donde se cree que se entregaban las ofrendas y se hacía arder. Es posible que en este lugar se hayan celebrado uniones de parejas.

El complejo es grande, pero como no está explorado no hay mucho más que ver. Pero si eres más aguerrido, a dos horas caminando, subiendo el Apu, se pueden encontrar algunas pinturas rupestres. No nos podíamos aventurar a tanto, quizás en otra oportunidad. Abandonamos Kotosh y nos dirigimos al pueblo de Tomayquichua, éste se ha hecho famoso porque ahí está la supuesta casa de Micaela Villegas, ¿quién es ella? Sí, bueno, es verdad, ella es más conocida por su sobrenombre: “La Perricholi”, la amante del entonces Virrey Amat.

La casa es pequeña, cobran un sol para entrar y lo cierto es que el lugar decepciona un poco. En esta casa encontrarán un pequeño dormitorio bastante descuidado, con un maniquí vestido de la época, traje cuya confección no pareciera datar de esos años. Las paredes descoloridas tienen pegadas artículos referentes a ella y al Virrey. Hay además una pequeña cama en la que creo nadie podría dormir. Si ésta fue la casa de La Perricholi, dudo que ella la haya tenido así.

No habiendo nada más que ver, nos fuimos para buscar un lugar para almorzar. En este pueblo hay un restaurante bastante grande, pero no nos provocó quedarnos ahí. En uno de los libros que habíamos llevado recomendaban almorzar en un lugar llamado La Estancia, en las afueras de Huánuco, así que fuimos para allá. Les digo que encontrar el lugar no fue fácil, pero llegamos, era la 1:30 de la tarde, conseguimos mesa, pedimos algo de tomar y la carta. Nos avisaron que algunos platos ya se habían agotado, pero había una buena variedad así que hicimos nuestro pedido, a los 10 minutos aparece la señorita que nos atendió y nos dijo que uno de los platos que habíamos pedido se había acabado, el mio, no pedí otro, pensando en que en verdad Adriana no comería todo lo que le sirvan. Pasaron otros 10 minutos más y nos avisaron que el plato que había pedido mi hijo Andrés ya no había, no importaba, escogió otro. No me lo van a creer, pero nuevamente se aparece y nos dice que ese segundo plato tampoco había. Sí, nos paramos y nos fuimos…pero antes mi esposo pagó el par de gaseosas, francamente yo me hubiera ido sin pagarlas, me sentí totalmente estafada.

Como le habíamos dicho a Antonia que no iríamos a almorzar tuvimos que quedarnos en Huánuco, no quisimos exponernos, fuimos a almorzar al Grand Hotel Huánuco, ahí de todas maneras encontraríamos qué comer, y así fue, además estaba prendida la tele y estaban pasando la final de la Copa América, perfecto, además de almorzar tranquilos me di el gusto de ver a Forlán y a Lugano.

De regreso a Casa encontramos a Andrés, el administrador del lugar y esposo de Antonia moliedo maíz, y es que tendríamos Humitas para la noche. Qué delicia. Y como no puedo con mi genio, tenía que meter mi cuchara, yo también quería moler el maíz y también quería que me enseñen a prepararlas.

Lo más complicado de hacer la Humitas es en verdad moler el maíz, si no tienes moledor, puedes usar la licuadora o un procesador de alimentos, lo que uses no importa, pero el maíz debe estar tierno. Esta pasta de maíz, así en crudo, se sazona con sal y un poco de aceite para que tome consistencia. Esta pasta ya sazonada se pone en un panca de choclo, se rellena con queso, se cierra y luego todo junto se pone en una olla con agua caliente a cocinar.

 

 

Ahora sólo había que esperar que se hiciera de noche para disfrutar de las Humitas. Mientras tanto, mi hija se dedicó a cuidar a un par chanchitos que los bautizó como Rosada y Rosadita (qué original).

¿Y mi hijo Andrés? Qué más podías estar haciendo…así es…jugando fútbol…a más de 3,000 m.s.n.m.

Al caer la noche, ya con el frío a cuestas nos llamaron a cenar, qué momento, las Humitas…es que me gustan tanto…(tía Rita, no te pongas celosa, las tuyas son las mejores…!!!).

Estaba calientita, humeante y el queso casi derretido. Pero también había sopa, la sopa es imperdible en la sierra, sobre todo por el frío que hace. Sirvieron Menestrón, estaba espectacular, sí, diferente porque no tenía albahaca, no era verde, pero estaba de dioses.

Con la barriga llena y el corazón contento nos fuimos a dormir, al día siguiente partíamos a Tingo María, a unas 3 horas de camino, pero ese viaje se los cuento otro día. Lo que sí les puedo adelantar es que la pasamos bien, pero yo extrañé Shismay, me alegré mucho cuando volvimos al siguiente día, aunque llegamos tarde y cansados, así que para reponernos, Antonia nos hizo un Jachacaldo. ¿Qué es? Es una sopa de papa, con un caldo verde preparado con Muña y Ruda, se sirve muy caliente y se toma acompañado de cancha y queso. Suena raro, lo sé, pero no saben lo bien que sabe, el sabor mentolado de la Muña me relajó y me cayó súper bien a la digestión, sobre todo que en la selva la comida fue algo pesada.

Después de tomarme esta sopa, dormí como un bebé, aunque tuvimos que levantarnos muy temprano porque regresábamos a Lima. Nuestro paseo llegaba a su fin, en verdad mis hijos ya extrañaban su casa, sus cosas, su cama. Y yo también, y es que uno lo puede estar pasando muy bien, pero llega el momento que uno quiere volver y el día había llegado.

Nos despedimos de Shismay con algo de nostalgia y es que así es Shismay, con sus hombres trabajadores, arando las tierras, abonando, sembrando, todo por el bien de la comunidad.

  

Y sus mujeres, cuidando de sus familias, de su ganado, conservando aquellas tradiciones ancestrales que luego pasarán a sus hijas.

  

Shismay, una próspera Comunidad Campesina que vale la pena conocer.

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Acerca de Nydia

Cuando era soltera, rara vez cociné en casa de mis padres, pero cuando me casé tuve que entrar a la cocina, sobre todos los fines de semana que era cuando mi esposo y yo almorzábamos en casa, juntos preparábamos el almuerzo. Y así, poco a poco encontré el gusto a la cocina con la repostería, porque con ella puedo engreír a mi familia y sobre todo endulzarles la vida.
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9 respuestas a Nos escapamos a Shismay (Huánuco)

  1. What an amazing trip! So much to see and do! Thank you for showing it to us! 😀

    • Thanks Lorraine.
      That’s my country, many places to go, many places to see. Peru is an amazing country, you must visit us.

      • Hola !
        Estuve 5 dias en Shismay este mes de agosto 2011, con un amigo Italiano y un amigo de Panao Pablito,…los mismos dias del 472 aniversario de Huanuco….GRAN CONFUSION EN LA CIUDAD ….la total PAZ en Shismay ….
        Un lugar muy bello, La Senora Antonia fues muy amable a preparanos comidas “europeas”
        Las ninas quando llegamos nos ofreceron la bienvenida con una cancion de bienvenida,
        fues muy especial.
        Lo unico que lamento es la carretera Huanuco-desvio-Shismay que las autoridades locales no pueden arreglar por falta de dinero, y està en un estado bastante desastrado.
        Harè un detallado reportero de la visita en mi WEB http://www.playdx.com
        Muchos buenos deseos
        Dario playdx

      • Nosotros quedamos encantados con Shismay, es un lugar que vale la pena ir para descansar.
        Es verdad, el camino que te lleva desde el desvío hasta el pueblo no es muy bueno, pero lo cierto es que está en buenas condiciones hasta Paucar, que es la mayoría del trayecto, de ahí el último tramo sí es bastante malo.
        Antonia y su familia son encantadores y sobre todo engreidores.

  2. Manu dijo:

    Amazing post! What an amazing country you live in! I will be visiting one day, but I’ll need to wait for my girls to grow up a little so they can cope better with the altitude! It must be hard for little kids who are not used to it!

    I love the pictures! So interesting to hear about the “cuy”! 🙂

    Besos

    • Thanks Manu, Peru is wonderful. If you have a chance to corss the ocean and be in my country, let me know.
      Cuy…Guinea Pig…I know it’s not easy to understand how we can eat it as in serveral countries it’s a pet, but here is like a rabbit, you decide if you want to have it as a pet or have it in your meal.

  3. pablo alfredo albornoz rojas dijo:

    efectivamente estuve con el amigo italiano dario monferini y roberto pavanelo, estuvimos compartiendo de lo mejor escuchando emisoras en onda corta, afision llamada DIEXISMO, exelente amigos y buena experiencia vivida…

  4. Pingback: Nos escapamos a Tayacaja (Huancavelica) | Mi Vida en un Dulce

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