Hacer pan en casa es un placer inigualable para todos los sentidos, especialmente cuando la receta es tan sencilla como este rico Ciabatton.
Con una corteza supercrocante y una miga aireada, este pan se convertirá en el favorito. Lo mejor es que no requiere amasado, solo paciencia y mucho amor.
La magia de este Ciabatton está en la fermentación lenta en frío. Al dejar que la masa repose de un día para otro, permitimos que los sabores se concentren y que la estructura del pan se desarrolle por sí sola.
Al momento de hornear, es importante generar vapor, para eso usamos cubos de hielo en la base del horno. Esto permite que la corteza se mantenga hidratada al inicio y luego se vuelva crujiente, tal como si viniera de una panadería.
El paso a paso para preparar este delicioso Ciabatton lo pueden ver en este video:
Y aquí tienen la receta completa para que la tengan a la mano:
425 g (3 ½ tazas) de harina panadera (o harina común sin preparar)
10 g (1 ⅔ cucharaditas) de sal
Preparación:
En un tazón, mezclar el agua tibia con la levadura, agregar el aceite de oliva, la harina y la sal y mezclar bien hasta que no queden rastros de harina. La masa quedará pegajosa.
Tapar el tazón y llevarlo a la refrigeradora hasta el día siguiente.
Retirar la masa de la refrigeradora, espolvorear con harina y volcar sobre la mesa enharinada.
Con las manos enharinadas, formar un rectángulo y cortar la masa por la mitad para obtener dos panes.
Colocar los panes en una placa con papel para horno, darles forma y dejar que descansen por 15 minutos mientras precalienta el horno a 450°F/230°C.
Cuando el horno ha llegado a la temperatura indicada, colocar la placa con los panes en el medio e inmediatamente poner un recipiente con hielos en la base del horno para crear vapor.
Hornear de 20 a 25 minutos hasta que estén bien dorados.
Retirar del horno y dejar enfriar sobre una rejilla.
Cuando era soltera, rara vez cociné en casa de mis padres, pero cuando me casé tuve que entrar a la cocina, sobre todos los fines de semana que era cuando mi esposo y yo almorzábamos en casa, juntos preparábamos el almuerzo. Y así, poco a poco encontré el gusto a la cocina con la repostería, porque con ella puedo engreír a mi familia y sobre todo endulzarles la vida.
Cuando era soltera, rara vez cociné en casa de mis padres, pero cuando me casé tuve que entrar a la cocina, sobre todos los fines de semana que era cuando mi esposo y yo almorzábamos en casa, juntos preparábamos el almuerzo. Y así, poco a poco encontré el gusto a la cocina con la repostería, porque con ella puedo engreír a mi familia y sobre todo endulzarles la vida.