Whitby Lemon Buns, Pancitos de Limón de Yorkshire

Los Whitby Lemon Buns son unos pancitos tradicionales de Yorkshire, Inglaterra, y son perfectos para la hora del té.

Con una miga suave como la del brioche y un delicioso glaseado de limón, esta receta rinde homenaje a las raíces de mi esposo ya que su abuelo era de Yorkshire.

Como se acerca el día del padre, decidí aprovechar esta fecha para honrar las raíces de mi esposo a través de la repostería tradicional de la tierra natal de su abuelo. Estos pancitos se hornean muy juntos, cosa que al crecer se peguen unos con otros; esa textura al separarlos con las manos y descubrir una miga tierna y alimonada es una completa maravilla.

Para prepararlos de la manera más fiel a la receta original, he utilizado limón amarillo, el cual aporta un aroma perfumado único y una acidez más sutil que se complementa a la perfección con la masa.

El paso a paso para preparar estos deliciosos Whitby Lemon Buns lo pueden ver en este video:

Y aquí tienen la receta completa para que la tengan a la mano:

Whitby Lemon Buns

Ingredientes para la masa:

  • 200 g de leche
  • 7 g de levadura seca
  • 70 g de azúcar
  • Ralladura de 2 limones amarillos
  • 500 g de harina panadera
  • 7 g de sal
  • 1 huevo
  • 1 cucharadita de vainilla (opcional)
  • 90 g de mantequilla sin sal

Ingredientes para el glaseado:

  • 100 g de azúcar en polvo (ver notas)
  • Jugo de 1 limón amarillo

Preparación:

  1. Disolver la levadura seca en la leche y reservar.
  2. En el tazón de la batidora, colocar el azúcar y la ralladura de los limones. Con la yema de los dedos, sobar la ralladura con el azúcar para que suelte todos sus aceites esenciales y perfume la mezcla.
  3. Agregar la harina y la sal  y mezclar bien.
  4. Añadir la leche con la levadura, el huevo y la vainilla (opcional), mezclar hasta que los ingredientes se unan y llevar la masa a la batidora (o trabajarla a mano sobre la mesa).
  5. Comenzar a amasar a velocidad media e incorporar la mantequilla en trozos pequeños, de a pocos. Una vez integrada toda la mantequilla, amasar durante unos 10 minutos hasta obtener una masa lisa, suave y que no se pegue a las manos.
  6. Formar un bollo, colocarlo en un tazón ligeramente engrasado, engrasar un poco la superficie de la masa, tapar y dejar levar a temperatura ambiente hasta que duplique su volumen (entre 1 ½ y 2 horas), o llevarla a la refrigeradora toda la noche.
  7. Desgasificar la masa, dividirla en 10 porciones iguales, bolear para formar los pancitos y aplastarlos ligeramente.
  8. En un molde o placa para horno forrada con papel manteca, colocar los pancitos relativamente juntos para que al crecer se peguen entre sí. Cubrir y dejar reposar por 1 ½ horas, hasta que crezcan y se toquen ligeramente.
  9. Hornear los pancitos en un horno precalentado a 350°F/180°C por unos 20-35 minutos, hasta que estén doraditos. Retirar del horno, dejar entibiar un poco y pasarlos a una rejilla.
  10. Mientras tanto, preparar el glaseado colocando el azúcar en polvo cernida en un recipiente y agregando el jugo de limón cucharada por cucharada, moviendo constantemente hasta lograr una consistencia fluida.
  11. Glasear sobre la superficie de los pancitos mientras estén todavía tibios y dejar que terminen de enfriar por completo.

Notas:

  • Tradicionalmente, estos pancitos tienen un glaseado más consistente, sin embargo yo preferí hacerlo más fluído. Para ajustarse más a la receta tradicional, recomiendo usar más cantidad de azúcar en polvo (unos 200 g) para que el glaseado quede más espeso.
  • Si bien con esta receta se obtienen 10 pancitos (aprox 92 g cada uno), la masa se puede dividir en porciones más pequeñas, en ese caso es posible que el tiempo de cocción sea menor. Para asegurarse de que los panes queden bien cocidos, se puede medir la temperatura interior del pan, la cual debería estar por los 200°F/93°C.

Receta inspirada en: Whitby Lemon Buns de The Culinary Bee.

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About Nydia

Cuando era soltera, rara vez cociné en casa de mis padres, pero cuando me casé tuve que entrar a la cocina, sobre todos los fines de semana que era cuando mi esposo y yo almorzábamos en casa, juntos preparábamos el almuerzo. Y así, poco a poco encontré el gusto a la cocina con la repostería, porque con ella puedo engreír a mi familia y sobre todo endulzarles la vida.
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