De Dallas a Lima en Business Class de American Airlines

Tuve un viaje por trabajo, un viaje que no tenía planeado. Lo que sí tenía planeado era un viaje con mis amigas a Cusco y ambos se cruzaron.

Menos mal pude empalmar uno con otro y menos mal accedí a un upgrade, porque así pude descansar en el vuelo DFW-LIM.

Mi hijo termina el colegio este año, así que tuvo el famoso viaje de promoción, se fueron a Argentina. Y un día conversando con mis amigas mamás del cole nos preguntamos ¿y por qué no tener nosotras nuestro viaje de prom? Esa idea nos rondó la cabeza y fue por eso que planeamos nuestro viaje de prom a Cusco.

Lo planeamos con meses de anticipación, compramos pasajes y pagamos los hoteles. Todo estaba perfecto, hasta que recibí un correo en mi oficina avisando que tenía que ir a Atlanta para una reunión de trabajo.

Casi muero, literal, porque a Cusco saldríamos un jueves en la mañana y mi regreso de Atlanta estaba planeado para el viernes en la noche, es decir, llegaría a Lima el sábado en la mañana. Mi viaje de prom se veía cancelado.

Lo bueno es que pude negociar mi salida de Atlanta para el jueves en la tarde, lo que significaba que podía llegar a Lima el viernes en la mañana y salir para Cusco ese mismo día. Sólo perdería la ida al Valle, planeado para el jueves y viernes, pero bueno, me encontraría con mis amigas el viernes en la ciudad.

Ahora bien, la altura no es mi amiga, y es que con el tema de las migrañas suelo sufrir un poco cuando llego a una ciudad alta y Cusco lo es. Entonces me imaginaba llegando a la ciudad después de volar todo un día.

Ojo, el jueves yo igual tenía que ir a trabajar, tempranito. En la tarde salir de la oficina directo al aeropuerto, tomar el vuelo a Dallas, de ahí a Lima y de ahí a Cusco, trasnochada total. Entonces pedí mi upgrade, porque tenía que dormir, pero sobre todo tenía que descansar. Y obtuve el upgrade en el vuelo de Dallas a Lima.

Eso me permitió entrar al Admirals de Atlanta, pero ese día había habido vuelos cancelados, pero sobre todo muchos retrasados, así que la sala estaba repleta de gente. Felizmente conseguí un sitio para sentarme porque justo pasé cuando un señor salía a tomar su vuelo.

Lo que ahora apuntan las aerolíneas es que tu experiencia de viaje no solo incluya el tiempo en avión, sino que también incluya tu tiempo en el aeropuerto y es por eso que se esmeran en tener salas con servicios de primera. Particularmente pienso que American ha apostado bien con sus salas Flagship, aunque son pocas, pero, dependiendo del aeropuerto, las salas Admirals son una muy buena experiencia.

En Dallas la cosa fue fluyendo mejor, y si bien la sala Flagship aún no está habilitada, hay salas de Admirals en todos los terminales y la sala de mi terminal estaba casi vacía, así que pude descansar un poco, tomar una copita de vino para relajarme y fruta para estar hidratada. ¿Qué, uno se hidrata con agua? Me lo hubieran dicho antes.

Algo que hay que tomar en cuenta que la tripulación en este vuelo es americana, así que hay que practicar el inglés. Lo cierto es que venía hablando inglés toda la semana, y ya quería hablar castellano. Pero la atención es impecable, y el que te reciban con una sonrisa y una copa de champagne lo es todo. Sirvieron Besserat de Bellefon Cuvée des Moines Brut, de la zona de Champagne, Francia.

 

Ya en el avión lo primero que me fijé es si el asiento se reclinaba 180°, porque en verdad eso era lo que quería, quería una cama en el avión para poder descansar.

En lo que es entretenimiento a bordo, te dan una tablet para poder ver películas, con audífonos Bose, que te aíslan todo sonido pudiendo así tener un audio muy bueno. Pero claro, como pensaba dormir la verdad es que no le hice mucho caso, salvo para tomarle la foto para poder enseñarles.

El “amenity kit” que ofrece American consiste una bolsa de Cole Haan con medias, antifaz, tapones para los oídos, pañuelos descartables, cepillo y pasta de dientes, lapicero y un kit de “refreshing”. Siempre uso las medias y el antifaz. Los artículos de aseo no porque siempre llevo los míos en la cartera y la bolsa la uso para guardar zapatos en un próximo viaje.

Pero, ya paso a la comida, que a muchos es lo que interesa. Pues es bastante buena. No tiene punto de comparación con la que te dan en la clase económica. Para empezar que mientras toman la orden de lo que pedirás y te traen la comida, te ofrecen una bebida y el famoso mix de nueces. Un Sauvignon Blanc fue mi elección de la noche. Sirvieron Christina The Heritage Collection Limited Release Family Reserve, de la zona de Western Cape, Sudáfrica.

El menú de la noche incluía Rollo de Salmón Ahumado (con huevo de codorniz, queso crema, calabaza bonetera y alcaparras), Ensalada de Lechuga Romana (con mango en cubos, rábano semillas de girasol y vinagreta balsámica) y como plato caliente seleccioné los Canelones de Cangrejo y Camarón (con espárrago asado y camarón al azafrán).

De postre había para elegir Helado de Fresa, Plato de Quesos Gourmet y Torta de Mousse de Irish Cream, al menos eso decía el menú, pero al final me ofrecieron otra cosa, y les digo que estaba de lo más bueno.

Y como barriga llena, corazón contento, pues me dispuse a dormir. Preparé mi cama reclinando el asiento por completo, con mi cobertor especial y una almohada súper mullida. Eso, más las medias y el antifaz, pues dormí perfecto.

En este vuelo te ofrecen también desayuno, y antes de servirte la cena te preguntan si lo vas a querer. Pero decliné, vamos, el vuelo llegaba a Lima a las 6:15 am, ¿a qué hora iba a desayunar si es que lo que pretendía era dormir? Eso pensaba, pero creo que la ansiedad hizo que abriera los ojos cerca de las 5, y estaba totalmente despierta. Así que pedí si podían servirme el desayuno, y elegí el Tazón de Frutas Frescas que además venía acompañado de granola, yogurt griego, jugo de naranja y tu selección de pan de la canasta de panes que te ofrecían.

Y si se lo preguntan, sí, a pesar de haberme levantado temprano pude descansar, lo que me sirvió para poder continuar mi viaje a Cusco, llegar a la ciudad sin problemas de salud y encontrarme con mis queridas amigas…en nuestro viaje de prom.

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Acerca de Nydia

Cuando era soltera, rara vez cociné en casa de mis padres, pero cuando me casé tuve que entrar a la cocina, sobre todos los fines de semana que era cuando mi esposo y yo almorzábamos en casa, juntos preparábamos el almuerzo. Y así, poco a poco encontré el gusto a la cocina con la repostería, porque con ella puedo engreír a mi familia y sobre todo endulzarles la vida.
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